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Celular: 0249 - 4695441

 

SALUD MENTAL

ESPECIALIZACION DE ENFERMERIA EN SALUD MENTAL

 

  • DURACION: 1 cuatrimestre

  • CURSADA:

  • PRACTICA PROFESIONALIZANTE: Hospital Municipal “Ramón Santamarina”

  • CERTIFICACIÓN: El/la alumno/a que haya completado la totalidad de los módulos, recibirá la Certificación Superior de Formación Profesional Continua: ESPECIALIZACIÓN DE ENFERMERÍA EN SALUD MENTAL

 

 

 

 

 

INSCRIPCIÓN

PERFIL PROFESIONAL

La Salud Mental se ha convertido en uno de los ejes centrales de planificación y acción en las organizaciones de salud pública internacionales, nacionales y en particular en la provincia de Buenos Aires. Esta centralidad tiene diversas razones que se relacionan, por un lado, con ser el ámbito de la salud más sensible a los avatares de la calidad de vida, el acontecer social y el padecer en general; y por otra parte, por lo complejo del planteo de estrategias que impacten significativamente en este campo.

Dichas estrategias serán necesariamente multidimensionales, intersectoriales e interdisciplinarias. Incluirán especialmente aquellas disciplinas que favorezcan las intervenciones más cercanas, sensibles y personalizadas para los sujetos de atención del sistema de salud, siendo Enfermería una de las que cumplen con ello de manera paradigmática.

Surge la necesidad de Profesionales de Enfermería con capacitación adecuada para la intervención específica en el abordaje de problemáticas en salud mental, así como su promoción, con conocimiento preciso de los alcances del nuevo marco normativo y el trabajo interdisciplinario. Para ello se da forma a este Curso De Formación Profesional Continua de Nivel Superior Especialización de Enfermería en Salud Mental.

Los problemas vinculados a la salud mental vienen ocupando un lugar preponderante y creciente en el mapa epidemiológico mundial en cuanto a incidencia y prevalencia dentro de las enfermedades crónicas no transmisibles.

En el año 2001 la OMS afirmó que un 25% de la población mundial padece uno o más trastornos mentales o de comportamiento a lo largo de su vida, y de cada cuatro familias una tiene a uno de sus miembros con un padecimiento mental. En 2005 describía que el 31,7% de todos los años vividos con discapacidad se atribuyen a condiciones neuropsiquiátricas, siendo las cinco mayores contribuciones depresión unipolar (11,8%), trastornos relacionados con el uso de alcohol (3,3%), esquizofrenia (2,8%), depresión bipolar (2,4%) y demencia (1,6%).

Los trastornos mentales también contribuyen a la mortalidad. Las estimaciones de la OMS del 2005 muestran que los trastornos neuropsiquiátricos son responsables de 1,2 millones de muertes cada año y de no implementarse medidas urgentes las proyecciones para el 2020 son alarmantes1 Se afirma que, específicamente para la depresión, -problema que cuenta con tratamientos efectivos-, entre los diversos obstáculos para la atención eficaz se encuentran la falta de recursos y de personal sanitario capacitados, además de la estigmatización de los trastornos mentales y la evaluación clínica inexacta. En cuanto a esto último, ya se había expresado décadas antes: «Mientras la mayoría de las Sociedades demuestran simpatía y asistencia a los que padecen discapacidad física, las actitudes hacia los enfermos mentales suponen demasiadas veces estigma y rechazo»2

En respuesta, y para asegurar un ámbito para el proceso salud-enfermedad-atención donde los pacientes de salud mental encuentren una respuesta adecuada, integral y respetuosa de derechos, es necesario profundizar la autocrítica de la mirada social sobre ellos, profesionales incluidos, y la transformación de los dispositivos e instituciones tradicionales y sus prácticas.

En este marco, el profesional de la salud enfermero se ubica en el lugar más sensible, como sucede en su práctica habitual, del sostén de la cotidianidad, de la intimidad y humanidad en ella. Es necesario que a mayor vulnerabilidad del sujeto se responda con mayor grado de sensibilidad y cuidado, pero en dirección al respeto y restitución de derechos y capacidades, abandonando la mirada paternalista histórica, que ubicaba al sujeto de atención en un lugar de objeto de cuidado pasivo y despojado.

Es intención de esta capacitación, ubicar al profesional enfermero en un rol protagónico y transformador, empoderado por conocedor de la trama conflictiva que subyace al choque de paradigmas contradictorios y que lo expondrá en más de una ocasión ante colegas, familias e instituciones defensoras de antiguas prácticas.

Para ello es necesario reconocer:

 

Que los modelos de salud se enfrentan con dificultades al proponerse estrategias de abordaje en el campo de la salud mental extrapoladas de modelos para otras áreas. El profesional debe aprender a identificarlas en sí mismo, en grupos de trabajo e instituciones.

 

Al concebir la salud mental como una especialidad exclusivamente de derivación se predispone a los profesionales del sector clínico general a desplegar con celeridad la consulta al especialista y reconocerse con escasas herramientas frente a la intervención indicada o los cuidados del sujeto con problemas de salud mental. Ello sucede con mayor frecuencia en los servicios de clínica y guardias de emergencia.

 

De igual manera, se suele asociar, equivocadamente, que a mayor nivel de atención, acompaña un abordaje de mayor complejidad. Cuando en el campo de la salud mental entendemos que ésta se despliega en el acercamiento multidimensional, interdisciplinar e intersectorial, más frecuente en el primer nivel de atención con inserción comunitaria y menos en los Servicios Hospitalarios que conservan prácticas de intervención exclusivamente “intramuros”.

 

Cualquier aspiración de cambios perdurables en las prácticas necesita considerar la capacitación de profesionales enmarcados en el nuevo paradigma y marco jurídico, y saber que constituye un enorme desafío proponerse modificar prácticas institucionales arraigadas como son las de los Hospitales Especializados Neuropsiquiátricos. A pesar de implementar practicas antiguas, reduccionistas y científicamente infundadas son todavía social, profesional e institucionalmente legitimadas.

 

Por todo ello, es necesario saber que el proceso de salud-enfermedad-atención solo es comprensible en el marco de la reproducción social3, y en letra del Artículo 3 de la Ley 26657, implica una dinámica de construcción social. Ello explica la resistencia a los cambios y la inusitada fortaleza de las antiguas prácticas.

 

Para llevar adelante las nuevas políticas de salud mental en la provincia de Buenos Aires, se necesitan enfermeros, como integrantes de un equipo de salud, cuya formación contemple:

 

Los cambios en el modelo comprensivo, de atención y gestión de la salud propuestos por el nuevo paradigma.

 

El abordaje promocional, de protección y prevención propio de las estrategias de APS aplicados en salud mental

 

La autonomía profesional en el equipo de salud.

 

  • La consolidación de competencias del cuidado enfermero en trabajo interdisciplinario

 

  • La participación en investigaciones y estudios epidemiológicos vinculadas al campo de la salud mental y uso problemático de sustancias.

 

  • El reconocimiento del campo normativo vigente en el área de la salud mental

En la provincia de Buenos Aires, se realizaron en torno a estas transformaciones experiencias como el Programa de Externación Asistida (PREA) en el año 1999, así como otros dispositivos de externación y cambios incipientes en la modalidad de atención, en el marco de políticas en salud mental dirigidas a efectores de salud de la provincia. Estos programas generaron instancias de capacitación a trabajadores de la salud enfermeros.

La salud mental y su cuidado es un nuevo campo disciplinario con prácticas sociales no solamente médicas. Los saberes son también políticos, donde los profesionales de la salud expresan sus conocimientos desde la perspectiva de derechos, de la democratización, de la gestión social, inclusión y organización participativa.

Las nuevas políticas de salud mental implican una serie de redefiniciones de tres sectores. El Estado que debe modificar sus estructuras de gestión a partir de políticas activas, los profesionales que deben transformar criterios de atención y viejos imaginarios, y finalmente la sociedad civil, que debe cambiar la representación de la locura ya que la misma no es sinónimo de internación.

La Ley Nacional de Salud Mental N° 26657, que tiene por objetivo incorporar la perspectiva de derechos humanos a las políticas públicas y regulaciones sobre salud mental, posee como uno de sus más importantes antecedentes a la Declaración de Caracas que afirma que la atención psiquiátrica convencional no permite alcanzar los objetivos compatibles con una atención humanizada, comunitaria, descentralizada, participativa, integral, continua y preventiva. Destaca el problema de la atención de pacientes “crónicos” en instituciones “cerradas” (manicomios).

Por otro lado, el Consenso de la provincia de Buenos Aires en relación a la Salud Mental, nos indica como prioridad que:

 

Necesitamos desterrar las prácticas de encierro y aislamiento, sostenidas por una lógica excluyente, reemplazándolas por otra lógica que contemple las construcciones colectivas, participativas, integradoras, inclusivas en el marco de la Salud Mental Comunitaria

 

Asimismo, conformar una red que asegure una atención digna e igualitaria, y que elimine progresivamente la brecha existente entre las personas atendidas, la disponibilidad, accesibilidad y calidad de los servicios

 

Brindar respuestas integradas para los ciudadanos de la provincia de Buenos Aires, teniendo como eje los derechos humanos y la inclusión social.

 

Establecer programas de capacitación en servicio, en salud mental comunitaria con perspectiva en derechos humanos, para todos aquellos vinculados al campo de la salud mental.

 

Se hace necesaria la revisión del paradigma referido al modo de pensar los cuidados de los enfermeros en salud mental y los modos de pensar los procesos educativos en este campo.

Esta revisión se plantea en tres dimensiones:

 

I. Enfoque de la práctica profesional en su dimensión ético-política. Este enfoque parte de definir la Salud Mental como un campo de conocimientos y prácticas específico, que articule efectivamente la salud mental a la salud pública de la población

 

II. Revisión de la función del enfermero ante lo comunitario y la clínica como cuidado del sufrimiento psíquico. Este enfoque implica una revisión crítica de la definición de “clínica” en este campo específico. Requiere de una posición crítica a la “psicopatologización” del sufrimiento psíquico y medicalización, entre otras cuestiones atinentes al modelo de atención en salud mental.

 

III. Pensar y proponer una posición crítica de las prácticas de Enfermería en Salud Mental. Es necesario considerar la especificidad que adquieren algunos conceptos en Salud Mental, tales como sujeto, lazo social, comunidad, institución, clínica y gestión Supone un enfoque que plantee la relación dialéctica entre lo singular y lo colectivo; plantear cómo esta dialéctica incide en la relación del sujeto con su cuerpo, con los otros, con la comunidad, con las instituciones. Supone relevar la importancia que adquiere el modo de hablar y escuchar por parte de un enfermero, por su implicancia en la relación con los pacientes, los compañeros de equipo y la comunidad.

El marco precedente fundamenta la formulación de un curso de formación profesional continua de Nivel Superior en Enfermería en Salud Mental, que contemple la articulación con la formación básica. La Fundamentación de la Currícula de la Tecnicatura Superior de Enfermería 854/16, marca una orientación para la formación de los enfermeros afirmando que los cuidados de Enfermería en el campo profesional le confieren el carácter de práctica social interactuando con otras disciplinas del campo de la salud. La revisión crítica de los principios y prácticas sustentadas en diferentes modelos de atención de la salud mental abre la posibilidad de visualizar las nuevas configuraciones en desarrollo donde se ponen en juego el rol del estado, el sujeto de padecimiento como sujeto de derecho, el lugar de la comunidad y las respuestas sociales.

Se torna necesario reformular los criterios asistenciales vigentes en el campo de la Salud Mental; los criterios de gestión de los cuidados de enfermería en los dispositivos hospitalarios y comunitarios, así como plantear la necesaria revisión de la función del enfermero y su rol en el equipo de salud. A partir de contextualizar las prácticas actuales se considera que el enfermero es un actor fundamental para sostener un cambio de paradigma en las prácticas de Salud Mental, haciendo que su intervención, dentro del equipo de salud, se aproxime mejor a las respuestas necesarias al sufrimiento psíquico de cada sujeto y de la comunidad, así como a la promoción de la salud.

Resulta imprescindible reflexionar acerca de los procesos educativos que orientan la praxis de Enfermería en Salud Mental.

Consideramos que dichos procesos deben ofrecer categorías y estrategias que interpelen la función del enfermero y sus acciones clínico-comunitarias en una perspectiva transformadora, en un marco de lectura y discusión acorde a las nuevas tareas, reflexionando sobre la dirección que van tomando los cambios sociales y culturales en nuestro país y sus consecuencias en la subjetividad y en las prácticas sanitarias.

En este sentido es nuestro propósito promover la participación y autonomía de pensamiento enfermero, respecto del sujeto de la atención, como una forma de promoción de la salud mental.

La presente propuesta pretende formar enfermeros capaces de articular un saber sobre la práctica que suponga:

1) implicación subjetiva

2) posición crítica sobre su propia experiencia

3) responsabilidad sobre su propio acto.

Proponemos tomar como referencia los conceptos provenientes de la Salud Colectiva, del Psicoanálisis, de la Antropología Social y de la Pedagogía Crítica. El desafío es poner estos marcos teóricos en relación, entre ellos y con el campo de las prácticas, propiciando el desarrollo de categorías para el estudio de cuestiones pertinentes al sufrimiento psíquico y a las problemáticas vinculadas a él, recuperando la dimensión clínico-política del Cuidado de Enfermería.

En este sentido se orientará la formación de los enfermeros a generar en ellos una actitud investigativa respecto de las nuevas formas de sufrimiento subjetivo y a brindar herramientas para las intervenciones que superen el paradigma biomédico.

Plan de Estudio:

 

  • Gestión, modelos de atención e investigación en salud mental

  • Ciclo vitales y salud mental

  • Crisis y emergencia en salud mental

  • Abordajes actuales del padecimiento mental

  • Prácticas profesionalizantes

 

 

 

 

 

Requisitos de ingreso: el cursante deberá acreditar título superior de enfermero, enfermero profesional universitario y/o licenciado en enfermería.

  • Fotocopia de DNI

  • Fotocopia de la partida de nacimiento

  • Fotocopia del título y analítico secundario/Polimodal debidamente legalizado.

  • Fotocopia título y analítico de  Enfermero terciario/universitario debidamente legalizado

  • Tres fotos carnet

  • Certificado de aptitud psicofísica

 

                                                                                            

Valores:

 

Cada año el alumno deberá abonar en el mes de febrero la matrícula de ($        ), las cuotas mensuales son 9 de ($             ) (se abonan desde  marzo a noviembre inclusive) y el derecho a examen  de ($     ) se paga en el mes de diciembre (con dicho pago el alumno está asegurado para rendir exámenes finales de Diciembre, Marzo y Agosto del siguiente  año). Los pagos deberán efectuarse del 1 al 10 de cada mes, ante el  incumplimiento de la fecha se hará el recargo correspondiente en la misma (5% de recargo cada 5 días).